La Demagogia y sus tácticas
“La primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira”: así inicia J.P. Revel un famoso ensayo sobre el poder de las ideologías en la sociedad moderna. El mal de la mentira es inseparable de la condición humana, ciertamente; pero hay una mentira en las relaciones entre personas que es fácil de descubrir, y hay una mentira, mucho más grave, que pretende engañar al conjunto de la gente y que se esconde bajo las grandes palabras. Esta mentira social tiene un nombre: es la demagogia. En su significado preciso, la demagogia es manipular los sentimientos primarios de la plebe para hacerla instrumento de un determinado interés ideológico o político, ya sea prometiendo lo que no se puede cumplir, ya sea incitando odios y beligerancia contra el adversario político. La finalidad política es aquí lo esencial. Los políticos buscan siempre alcanzar el poder o mantenerse en él, y para conseguir este supremo objetivo acuden a la mentira disfrazada de grandes palabras reivindicativas.

Comunicamos a nuestros lectores que el próximo mes de octubre la Hermandad de Veteranos de las Fuerzas Armadas y de la Guardia Civil presentará el libro titulado “Los Dragones de Lusitania. Los últimos caballeros de Flandes” cuyo autor es el Teniente Coronel de Caballería y Doctor en Historia, nuestro común amigo Juan Delapuerta.
Ayer 1 de Agosto, comencé el día con varios whatsapp sobre la paz en el mundo.. Europa está preocupada por la paz, pero las noticias de Oriente Medio en Siria e Irak, son devastadoras desde hace mucho tiempo. El Papa Francisco ha afirmado que hay más mártires ahora que en los primeros tiempos de la Iglesia y lloró cuando supo que habían crucificado a cristianos en Siria.
Entre las cuestiones de nuestro tiempo que más invitan a la reflexión, se ha de señalar, sin duda, la ausencia de Dios en la mente y vida del hombre postmoderno en la sociedad de consumo. Por primera vez en la historia, una sociedad, la nuestra, vive sin apenas referencia alguna a Dios en lo que podemos calificar como un ateísmo práctico. El término es acertado, porque una inmensa mayoría de gente cree en la existencia de Dios, sea por educación recibida, sea por propia reflexión, pero esta débil creencia apenas tiene trascendencia en sus vidas: creen en Dios, pero viven como si Dios no existiera. A pesar de que grandes masas de gentes, en el siglo veinte, han vivido bajo regímenes totalitarios que han impuesto un ateísmo feroz y militante, todavía es mayoritaria la proporción de creyentes en Dios en nuestro mundo.