Cinismo de Sánchez

La pregunta que todos nos hacemos es la que le formuló a Sánchez el pasado lunes en La Sexta un vecino de Ceuta: “¿Qué te pasa, que estás acojonado con Marruecos?”. Y respondió con una pregunta, evitando la contestación.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, es un cínico. No es que lo sea en algunas ocasiones, es que forma parte de su carrera política hasta llegar a la Moncloa, y luego lo ha multiplicado. El exponente máximo es la invasión de Ceuta.

Que conste que no es un insulto llamarle cínico, sino describir y calificar una realidad. Como no es un insulto llamar ladrón a quien roba, o violador al que viola.

El término “cínico” se asocia con frecuencia a “hipócrita”, pero no es exacto. El hipócrita dice una cosa y hace otra. El cínico actúa con falsedad o desvergüenza, miente descaradamente sin sentirse mal por ello.

El cínico no tiene ningún reparo a la hora de utilizar trampas en su manera de argumentar, lleva a cabo comparaciones falaces, critica a las personas pero no los argumentos. Traducido: Sánchez critica a Ayuso y Abascal, sin argumentos, obsesionado por destruir a la persona.

El cínico vive centrado en sí mismo. El egocentrismo es su seña de identidad. Por eso no se siente especialmente mal al pensar que otros pueden tener una mala opinión de él. En el caso de Sánchez es evidente, salvo el incidente de Paiporta –“el galgo de Paiporta”– en que el Rey aguantó el tipo y Sánchez salió corriendo: ahí le dolió porque quedó en evidencia, y eso ha de pagarlo el Rey, pues Sánchez es rencoroso.

El cínico no busca ni conoce la honradez. Miente con facilidad. No tiene un “tope moral”, y la mentira la considera una herramienta más para prosperar, continuar en el poder o intentar desmoronar a quien le puede quitar el poder.

Las mentiras sobre la Dana de Valencia, los incendios forestales, la corrupción, los pactos con los independentistas: son una retahíla. Sin embargo, con Ceuta ha superado su cinismo.

El colmo del cinismo lleva a presentar como un bien algo que es malo. Es lo que Sánchez está haciendo con Ceuta. Hubo invasión y se fue unas semanas de vacaciones. Hasta ahí llegó su cinismo.

Ceuta, para él, es una “crisis humanitaria”. Para los ceutíes y para la mayoría de nosotros, es una “invasión” sin lugar a dudas. Un test de Marruecos, un paso más en sus reivindicaciones sobre Ceuta y Melilla.

Un ejemplo entre muchos, muy reciente. Sánchez dijo hace unos días, con gran solemnidad porque hay que reconocerle que tiene aptitudes de actor, que el PSOE seguiría siendo un partido feminista, defensor de los derechos sexuales y de LGTBI. A la cabeza del partido está él, y desde el 30 de julio no ha dicho ni una palabra en defensa de las mujeres ceutíes ni condenando las agresiones sexuales de los inmigrantes, que son con una frecuencia casi diaria.

Tan feminista es Pedro Sánchez, sus ministros y ministras, sus socios y socias de Gobierno, que ni han condenado las agresiones sexuales a las ceutíes.

Las mujeres ceutíes se han organizado como han podido, yendo en grupo por las calles, buscando protección continuamente. Y han llevado a cabo una marcha en Ceuta bajo el lema “Mujeres y niñas de Ceuta”, con gritos de “¡Queremos protección!”, y “Caminar sola no es un privilegio”. Han denunciado el abandono del Gobierno.

Otro suceso reciente: una horda de invasores persiguiendo, acosando y gritando obscenidades a un grupo de chicas ceutíes que se atrevieron a pasar cerca de un campamento de los inmigrantes.

Desde el primer día, Sánchez exculpó a Marruecos, y hace unos días ha alabado incluso su “inteligencia” en la crisis de Ceuta. Marruecos propició y permitió la invasión de más de 72.000 inmigrantes, en su gran mayoría marroquíes, a nado desde la costa de Marruecos, no vinieron desde Egipto ni Portugal.

Muchos nos preguntamos cómo pueden morir casi 200 personas bordeando un espigón. Uno de los invasores ha contado cómo la policía de Marruecos los tiraba al agua a palos para que entrasen en España, sin miramientos de ningún tipo, sin atender a corrientes del mar o a si sabían nadar o no. 

Marruecos no tuvo nada que ver, según Sánchez. Según todas las pruebas que se van recogiendo y la convicción de la mayoría de los españoles, fueron los marroquíes, autoridades, policía y la inmensa mayoría de los 72.000 que llegaron a nado.

En Ceuta hay miedo, gritos, peleas, incendios, agresiones, cada día. ¿Normalidad? Como solamente hay 500 plazas para acoger inmigrantes en Ceuta, Sánchez va a normalizar, creando 10.000 plazas. Es decir, en vez de devolver a Marruecos a los inmigrantes –como Bruselas volvió a pedir este martes que se haga con urgencia- adultos y menores de edad, se les facilita wifi gratis, servicio de comida a través de Cruz Roja y mejor alojamiento que a los policías.

Se avisó de la invasión. Hay pruebas: Juan Vivas, Margarita Robles… Y ahora acaba de conocerse que Melchor León, diputado del PSOE y vicepresidente de la Asamblea de Ceuta, avisó a Montse Mínguez, portavoz del PSOE en el Congreso, y esta diputada decidió ignorar los mensajes: cuando se han dado a conocer dice que se le despistaron.

Los militares de Ceuta han convocado una protesta inédita ante el aumento de las agresiones y han afirmado que están “expuestos y maniatados”.

Los 6 policías que prestaban servicio costero el día de la invasión recibieron la orden de dejarles pasar, de no hacer nada. Al menos, no les dieron la orden de que les secasen con una toalla y les dieran un bocadillo. ¡Así se defienden nuestras fronteras!

Juan Vivas, el presidente de Ceuta, en el programa “El Hormiguero”, afirmó: “No confío en Pedro Sánchez para proteger Ceuta”. Ni la mayoría de los españoles ni la Unión Europea.

Un presidente del Gobierno cínico necesita cómplices que le sigan, crea escuela de cinismo. También los socios de Gobierno han de seguir su cinismo. Basta como botón de muestra Irene Montero (Podemos) –eurodiputada, 135.000 euros brutos al año-, que acusa de racismo a quien se oponga a acoger a los inmigrantes en Ceuta, pues España sí lo hizo con los ucranianos, y ahora dice que nos oponemos porque son “negros y moros”. 

Los invasores de Ceuta no vienen de una guerra, y los ucranianos huían de la guerra iniciada por Rusia: es una diferencia esencial. Pero un cínico -o una cínica, para que Irene Montero no se sienta postergada- no va a la cabeza ni a los argumentos, sino con la mentira que cree más eficaz.

En toda esta tragedia brilla el liderazgo de Juan Vivas, la fortaleza de los ceutíes, y a ellos va mi admiración y apoyo. Es y va a ser duro. Ayudemos lo que podamos.

  • Javier Arnal Agustí es Licenciado en Derecho y periodista.
    Escribe, también, en su web personal.