La detallada información de “Diario de Teruel” el pasado domingo, 26 de abril, sobre los trabajadores migrantes coincide con la percepción que tenemos en la provincia, y en toda España, con oscilaciones según provincias o comunidades autónomas.
Entre un treinta y un cuarenta por ciento de las personas contratadas en España en 2025 son extranjeros. Sigue en aumento. En la provincia de Teruel residen 20.293 extranjeros, de los que 9.329 están afiliados a la Seguridad Social, y desde 2021 el crecimiento de la afiliación de extranjeros ha sido del 32,44% en la provincia.
Cada vez hay menos españoles y más extranjeros, como resultado de la caída de la natalidad y el indudable atractivo que ofrece España para los extranjeros. La despoblación sería un fenómeno sangrante en la provincia de Teruel, que sería de un envejecimiento más que preocupante, y gracias a los trabajadores inmigrantes se mantienen servicios, empleos sobre todo en el sector primario, y hasta escuelas.
Sin los hijos de los trabajadores extranjeros, muchas aulas no serían viables, tal vez centros educativos enteros. Los profesores lo saben muy bien: su puesto de trabajo pendería de un hilo, por no decir que caería en el precipicio del paro.
Agricultura, ganadería, construcción, bares, hostelería, empleadas del hogar y cuidadores: el porcentaje de extranjeros es muy considerable. Basta fijarse.
Los trabajadores extranjeros alquilan o compran vivienda. Cuando los turolenses se siguen marchando del centro de la ciudad, muchos inmigrantes encuentran ahí una vivienda apropiada. Esos miles de extranjeros contribuyen a mantener centros comerciales, bares, comercios. Reciben una educación y una sanidad gratuitas.
A mí me parece que hemos de estar agradecidos a los trabajadores extranjeros. Dan ejemplo de esfuerzo, valores familiares y religiosos: basta ver las Misas.
A nuestras necesidades laborales y humanas, se suma que somos acogedores. Todo el frío climatológico de la provincia de Teruel se transforma en calor humano. La mayoría de estos extranjeros tiene en torno a 30 años, viene a quedarse. Tienen estudios básicos, aunque también vamos viendo médicos u otros titulados superiores de otra nacionalidad. Los conocemos: son trabajadores responsables.
Muchos jóvenes turolenses se marchan a trabajar a Valencia, Zaragoza, Castellón o Madrid, en busca de empleos adecuados a su titulación o aspiraciones. No se puede decir que los extranjeros quitan trabajo a los turolenses, porque vienen de su país acuciados por la inseguridad y la inestabilidad económica, y aceptan empleos dignos y con una remuneración aceptable. Con lo que ganan aquí esos extranjeros ayudan en muchas ocasiones a sus familias, que siguen en Colombia, Honduras o Venezuela.
Es evidente que es una situación demográfica nueva. Cotizan, consumen, y también se requiere una plantilla sanitaria mayor, a la que tienen derecho. Hemos de valorar el fenómeno con objetividad y justicia, sin comentarios superficiales. ¡Gracias, de nuevo!
imagen: Grok
Javier Arnal Agustí es Licenciado en Derecho y periodista.
Escribe, también, en su web personal.
