El presidente de los empresarios de la Comunidad Valenciana (CEV), Vicente Lafuente, ha afirmado sobre la regularización de inmigrantes que a los empresarios les hubiera gustado que “hubiera un consenso político, que se aprobara por unanimidad o por una amplia mayoría, pero no ha sido así”. Basa su postura en que “necesitamos personal, que venga gente”. Comparto su opinión.
He seguido de cerca el proceso de regularización de migrantes en España, desde que se anunció por el Gobierno hasta que se ha puesto en marcha este mes.
He estado físicamente en una de las largas colas de migrantes, de cientos de personas que a veces han guardado turno desde la tarde anterior. He mirado a sus caras, sus gestos, sus brazos sosteniendo la documentación. No me basta leer o escuchar comentarios sobre la regularización, cifras, sino ver sus rostros.
Todos conocemos, casi seguro, el caso de algún inmigrante irregular. Son historias de superación, buscando una mejor vida para ellos y su familia, huyendo de países donde hay penuria económica, inseguridad física, o simplemente buscando un país mejor, el nuestro.
Soy partidario de la regularización de migrantes, a la vez que debía haberse hecho mejor, previendo los medios, los requisitos razonables y lograr que el proceso sea lo más ordenado posible, digno para los migrantes y respetuoso con los funcionarios o empleados públicos españoles que tienen que asumir un aumento considerable de trabajo. Nadie entiende que se haya excluido del proceso a las comisarías de policía.
El Gobierno ha aprobado la regularización, pero se nota que es una decisión de “despacho”, donde el papel aguanta casi todo. Prisas, confusión, caos.
Como son irregulares, no se sabe la cifra. Entre 500.000 y 850.000. Sin embargo, sabemos que forman parte importante de la economía sumergida. Lo mejor es que se les regularice, coticen y puedan ostentar derechos y deberes entre nosotros.
Necesitamos trabajadores, personal, que venga gente. En la construcción, turismo, agricultura, hostelería, hace falta personal. Talleres de automóviles, fontaneros, bares y comercios: falta mano de obra.
Son puestos de trabajo que a veces no requieren especial cualificación ni estudios. Los jóvenes españoles, muy preparados académicamente o no, descartan ese tipo de trabajo, viven con sus padres y quieren trabajos menos duros y mejor remunerados.
Me lo comentaba hace poco el gerente de un taller de automóviles. Necesita personal. Aparece algún joven interesándose y, al decirle el sueldo –suele ser el salario mínimo-, se echa para atrás. El gerente le explica que, puesto que no tiene experiencia, ha de adquirirla y ganarse un sueldo mejor, con un planteamiento exigente y realista.
Los extranjeros son ya un pilar básico en nuestra sociedad. Uno de cada cinco españoles ha nacido en el extranjero. Nuestros pueblos y ciudades han cambiado en pocos años, siendo multiculturales y de los cinco continentes, como se comprueba en colegios y universidades, bares y obras.
Conozco y he conocido muchos extranjeros. He de decir que la mayoría son trabajadores, responsables, con la bandera sobre todo del esfuerzo, que muchas veces puede faltarnos a los españoles, en una sociedad consumista y comodona.
Me indigna cuando se vincula inmigración a delincuencia, y eso que conozco las cifras de los presos en las cárceles españolas. Es injusto.
Cáritas ha defendido la regularización de inmigrantes, asumiendo una realidad que requiere una solución digna. A la vez, en redes sociales ha argumentado frente a posturas contrarias a la regularización.
Uno de los argumentos en contra es que regularizar a los inmigrantes colapsará los servicios públicos, y Cáritas ha razonado que “contribuirá al sostenimiento del sistema, pues cotizarán, pagarán impuestos y contribuirán formalmente al sostenimiento de los servicios públicos”.
Estoy de acuerdo con Cáritas, y eso no es óbice para reconocer que ya ahora los servicios públicos han de mejorar –empezando por la sanidad-, con más personal y mejor organización,ahora y desde hace años.
Gracias a los extranjeros muchas aulas escolares subsisten, y por tanto puestos docentes y administrativos. Gracias a los extranjeros se mantiene la recolección de la naranja –por poner un ejemplo que conozco bien en la Comunidad Valenciana-, y son millones de personas que consumen en comercios, supermercados y bares.
Gracias a los extranjeros hay muchos mayores y enfermos que son cuidados, en situación legal…o inmigrantes irregulares, como sucede con empleadas del hogar. No afirmo nada que no sea de dominio público. Mi reacción ante los extranjeros es de gratitud.
Es injusto pretender aprovecharnos de las ventajas de la inmigración y no asumir la realidad con todas sus consecuencias. Desde luego, los antecedentes penales deben ser determinantes, y la picaresca o abuso de las ayudas sociales hay que analizarlas, e incluso sancionarlas.
Ni es justo caer en el buenismo ni tampoco lo es la xenofobia. Una decisión tan importante como es la regularización de migrantes tenía que haber sido más y mejor estudiada por el Gobierno, pero el fondo lo comparto.
Javier Arnal Agustí es Licenciado en Derecho y periodista.
Escribe, también, en su web personal.
