LA GRAN VISITA

El Papa León XIV acaba de regalarnos siete largos días de su vida en una extraordinaria visita a nuestro país. Tanto más querida y bienvenida cuanto que hacía quince años sin producirse una visita papal, la de Benedicto XVI y más años aun desde que San Juan Pablo II efectuara una de sus muchas visitas a España de envergadura semejante a la del actual Pontífice.

León XIV repartió su estancia entre Madrid, Barcelona y las islas Canarias. En cada uno de los lugares tenía su programa y su objetivo claramente definido.

El plato fuerte de Madrid fue dirigirse al Congreso de los Diputados y Senadores con un discurso memorable tanto desde el punto de vista religioso, como político, social e histórico. Un discurso que aplaudió y criticó por igual los aciertos y errores de la derecha y la izquierda, pero logró hacerlo con tal equilibrio que se vio largamente aplaudido tanto por un flanco político como por el otro. Un discurso que conviene releer y analizar en profundidad ya que pocas veces los ha producido con semejante calidad la magnífica diplomacia vaticana.

El momento cumbre de Barcelona fue la inauguración de la Torre de Jesucristo en la basílica de la Sagrada Familia de Gaudí, un valor seguro que de antemano tenía el éxito garantizado y al que el poco creyente Sánchez asistió escoltado nada menos que por catorce miembros de su gabinete, que posiblemente no pisaban una iglesia desde hacía décadas.

La escala en Gran Canaria y Tenerife le vino a León XIV heredada del Papa Francisco quien no pudo llegar a cumplir el deseado encuentro con el problema de la política migratoria. Una vez más el Papa encontró el equilibrio en sus palabras, defendiendo la dignidad humana que no se devalúa al cruzar una frontera y condenando las mafias que se nutren de una migración ilegal convirtiendo el Mediterráneo en un cementerio sin lápidas y estimulando el apoyo de los países prósperos a los menos desarrollados generando un bienestar que frene las ansias migratorias.

Tres etapas de extraordinario contenido que se vio acompasado en Madrid por la concentración de un millón de fieles, con encuentros con sindicalistas y con personas del mundo de la cultura y el arte.

No faltó el afán competitivo de quienes juzgaron Madrid como el pobre lugar donde el plato fuerte era tomar un café con leche en la Plaza Mayor -Ana Botella dixit- en tanto que Barcelona ofreció la grandiosidad alcanzada durante los Juegos Olímpicos.

Casi se puede decir que fue milagroso que la visita resultara impecablemente bien, porque pifias no faltaron, tales como la insistencia española en pedir que el Vaticano proporcionara de antemano el texto del discurso papal en el Congreso o la petición de que el Santo Padre se expresara en catalán durante su estancia en Barcelona. No se accedió a lo primero, demanda que ningún otro pais había solicitado nunca en otras visitas papales y por el contrario unas palabras en el idioma local fueron pronunciadas como cortesía, como lo habían hecho otros Pontífices en escalas parecidas.

Ojalá, León XIV vuelva a visitarnos otras cuatro veces como lo hizo San Juan Pablo II durante su largo papado.

  • Jorge Fuentes Monzonís-Vilallonga es Master en Ciencias Políticas y Económicas y Derecho. 
    Diploma de Altos Estudios Internacionales. Embajador de España en Bulgaria en 1993. 
    Primer Embajador de España en Macedonia en 1995. 
    Embajador de España en Bruselas WEU en 1997, entre otros cargos.