Primeras Comuniones

Mayo es el mes de las Primeras Comuniones. Muchos tenemos alguna Primera Comunión en estos días, y lo cierto es que es una fiesta religiosa y familiar que nos ilusiona. Ver la alegría del niño o la niña que recibe por primera vez la Primera Comunión siempre es oxígeno espiritual y humano para padres y familiares cercanos. 

Es mucha su importancia. Algunos, confusos o ignorantes por su escasa formación religiosa, intentan captar que se trata de un sacramento de la Iglesia Católica en el que los niños, generalmente entre 8 y 10 años, reciben por primera vez la Eucaristía, el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Requiere una catequesis de preparación previa, estar bautizado y confesarse. 

¡La primera Confesión de un niño, cuando se estima que ya tiene uso de razón! Cuando no pocos adultos han dejado de confesarse -no lo hacen desde hace décadas, por dejadez o hasta por rechazo explícito- , asisten ahora a una Primera Comunión y lo hacen con alegría, porque es entrañable comprobar la ilusión de esos niños.

Hice la Primera Comunión el 27 de mayo de 1965, en Calamocha, provincia de Teruel. Tengo grabado ese día, del que conservo recordatorios y fotografías. No es nostalgia, es un recuerdo imborrable por su importancia. Comulgué con el traje de un primo, que la había recibido un par de años antes: siendo el menor de ocho hermanos, yo feliz usando el traje de un primo. Al acabar la Misa, con mi madre cumplimos la tradición de ir a las casas de vecinos y parientes para darles un recordatorio y me daban una cantidad de dinero. No hubo regalos de otro tipo. Celebración, en casa con la familia. 

Era una sociedad muy mayoritariamente católica practicante. Ahora en España la mayoría está bautizada, pero no practica. La cultura y la economía cambian, pero el sentido de la Primera Comunión es el mismo. Confesarse y comulgar es lo que hacen los niños ¿y los adultos que acuden? Pienso que es el mejor regalo que se les puede hacer, el de la coherencia de los adultos. Y luego durante los años siguientes, para que la Primera Comunión no sea un oasis, sino un comienzo con el ejemplo de sus padres.

No es un acto social ni familiar. En Zaragoza recuerdo una, hace más de 30 años, con 100 invitados, payasos, actuaciones, etc. Cuando preguntamos a sus padres qué podemos regalar, nos dicen: “Tiene de todo”. Y lo más práctico suele ser darles una cantidad de dinero, en cierto modo volviendo a la tradición que yo viví con 7 años. Coherencia y sobriedad son convenientes. No es una boda. Sugiero que reflexionemos.

  • Javier Arnal Agustí es Licenciado en Derecho y periodista.
    Escribe, también, en su web personal.