Cuatro agujeros del Ingreso Mínimo Vital
Me alegra que se haya aprobado en España el Ingreso Mínimo Vital (IMV), que ya debía haberse aprobado hace años, y que existe en los países de nuestro entorno. Ahora es más necesario a causa de la grave crisis ocasionada por la pandemia.
El ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José-Luis Escrivá, ha afirmado que, al regularlo, se han tenido en cuenta “los mejores esquemas europeos”. Pero el IMV tiene algunos agujeros.
El primer agujero es que ha agitado con razón a los ya penalizados pensionistas españoles, que han puesto el grito en el cielo, al excluir a los mayores de 65 años, dejando fuera a los que cobran pensiones de jubilación no contributivas inferiores a 462 euros, que es el mínimo que otorga el IMV, con un máximo de 1.015 euros.

El pasado lunes, 18 de mayo, Fernando Giménez Barriocanal, vicesecretario para Asuntos Económicos de la Conferencia Episcopal Española, pidió en rueda de prensa a los católicos que fueran generosos en sus donativos, para pagar el sueldo del cura y las instalaciones, ya que “la Iglesia no vive del aire”. Al estar los templos cerrados por el Estado de Alarma, no ha habido colectas. Fernando Giménez sugirió, también, fórmulas para efectuar donativos que comprometan más que donar esporádicamente, como aportaciones periódicas, al igual que se está suscrito a plataformas de televisión o música. La pandemia ha provocado, entre otras cosas, casi una total ausencia de donativos, y fue un “toque” realista, muy oportuno, en la línea de que los católicos se comprometan más a sufragar los gastos de las iglesias.