Catedrático de Historia José Vicente Gómez Bayarri
Académico de Número de la RACV
Catedrática de Literatura María del Carmen Aura Busó
La Semana Santa es la conmemoración religiosa anual en la que el calendario cristiano recuerda la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús de Nazaret. Por ello, es un período de intensa actividad litúrgica dentro de las diversas confesiones cristianas.
No es fácil entender el desarrollo de la Semana Santa, sin conocer el significado de la Cuaresma; lo mismo que no es fácil entender la iconografía y los textos litúrgicos de la Pasión de Cristo, sin conocer la estructura y prelación de los pasos procesionales y escenificaciones.
La Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús de Nazaret han originado manifestaciones de fe transmitidas por la tradición durante siglos. Diversos actos litúrgicos y culturales organizados o impulsados por la Iglesia con la participación de hermandades y cofradías religiosas han dado esplendor y belleza a estas celebraciones que han inspirado una excelente literatura y rica imaginería con escenas emotivas de profundo sentimiento religioso. Evocaciones que se expresan, asimismo, en la pintura, la música y las artes escénicas.
En la iconografía religiosa se representa la penitencia, los sufrimientos, el sacrificio, el descendimiento y la resurrección. De todos estos acontecimientos, consideramos que es la representación de la Crucifixión el acto más dramático de la Pasión. Sucede en el Monte Calvario o Gólgota, el viernes al mediodía. La escena suele convocar a un buen número de figuras, que son habituales en la iconografía de este episodio: Cristo en el centro junto a los dos ladrones, recibiendo improperios y burlas, y Dimas, el buen ladrón, pide perdón a Cristo por sus faltas y es respondido por Jesús diciéndole: “hoy estarás conmigo en el Paraíso”. A los pies del madero o de la Cruz se hallan María, Juan, los soldados romanos que ejecutan al reo, sanedrines y amigos de Jesús, y María Magdalena, María de Betania, hermana de Lázaro y María Salomé, madre de los apóstoles Juan y Santiago el Mayor. Después de un suplicio, Cristo muere en la Cruz.
La Literatura tiene su aportación en estas celebraciones con textos literarios de la Pasión, cuyo contenido permite profundizar en la religiosidad y en el profundo sentimiento de los ciudadanos. Así lo confirman obras de grandes escritores: la valenciana sor Isabel de Villena en su obra Vita Christi describe escenas de la pasión de Cristo, concretamente en los capítulos que llevan por epígrafes “Com lo Senyor portant la creu se encontrà ab la senyora” o “Com Jesus fon clavat en la creu”; la santa abulense Teresa de Jesús en los últimos versos del poema “En la Cruz está la vida” nos dice: “Después que se puso en cruz/el Salvador/, en la cruz está la gloria/ y el honor/, y en el padecer dolor/ vida y consuelo/, y el camino más seguro/ para el cielo; Gabriela Mistral en el “Himno litúrgico de vísperas” versifica: “¿Cómo quejarme de mis pies cansados/, cuando veo los tuyos destrozados?/¿Cómo mostrarte mis manos vacías/, cuando las tuyas están llenas de heridas?/¿Cómo explicarte a ti mi soledad/, cuando en la cruz alzado y solo estás?/¿Cómo explicarte que no tengo amor/, cuando tienes rasgado el corazón?”
Otros textos como el “Poema al Cristo de Velázquez” de Unamuno, la obra de Gabriel Miró dedicada a las figuras de la Pasión del Señor”, poemas de León Felipe, de Gloria Fuertes, etc. son hermosas composiciones literarias que reflejan escenas de la Semana Santa. Asimismo, los siguientes versos del poema anónimo: “No me mueve, mi Dios, para quererte/ El cielo que me tienes prometido/ Ni me mueve el infierno tan temido/ Para dejar por eso de ofenderte. Tú me mueves, Señor, muéveme el verte/ Clavado en una cruz y escarnecido/; Muéveme ver tu cuerpo tan herido; Muéveme tus afrentas y tu muerte.
En el Barroco un trío de poetas líricos, Lope de Vega, Góngora y Quevedo, dedican versos, de sutil inspiración, a la pasión y muerte de Cristo. Recordemos las primeras estrofas del poema de Luis de Góngora y Argote compuesto al “Cristo en la Cruz”: “Pender de su leño, traspasado el pecho/ y de espinas clavadas ambas sienes/: dar tus mortales penas en rehenes/ de nuestra gloria, bien fue heroico hecho”.
En el antiguo reino de Valencia tenemos constancia que ya en la Edad Media cristiana se fundaron cofradías que celebraban solemnes procesiones y representaciones de la pasión y muerte de Jesús en distintas poblaciones. A finales del siglo XIV según recoge el Manual de Consells de la ciudad de Valencia, del 7 de abril de 1386, el Consell permite las representaciones de la Pasión en Semana Santa sólo en las iglesias y cementerios adjuntos, como recoge la ordenanza que obliga a que “totes aquelles persones de qualsevol estament, edat o condicio, sien estranyes o privades, les quals en lo divendres sanct o en altre dia de la Setmana Santa volran fer representacio de la Sagrada Passio de Jhesu Christ, fasen aquella dins lurs esglesies e fosars”.
En la actualidad, alrededor de una treintena de hermandades, cofradías y corporaciones componen el cuerpo de la celebración de la Semana Santa Marinera. Están estructuradas en torno a cuatro parroquias, de ellas dos pertenecen al Cabañal - Nuestra Señora de los Ángeles y San Rafael-Cristo Redentor-, una a Canyamelar- Nuestra Señora del Rosario-, y la otra al Grau -Santa María del Mar-. Las procesiones se desarrollan de Viernes de Dolores al Domingo de Resurrección, procesionando sus estandartes, pasos escultóricos y simbología propia de la celebración.
Dentro de la Comunidad Valenciana debemos destacar los pasos procesionales de la Semana Santa Marinera de Valencia, en la que se puede ver una “Verónica” de Mariano Benlliure tallada en 1944 para la cofradía de la Santa Faz; la de Alicante que desfila por el barrio de Benalua, y la de Orihuela en cuyas procesiones se exhiben obras de Francisco Salzillo. En esta última ciudad se puede visitar el museo de la Semana Santa, en donde se contemplan tallas de la “Diablesa”, el “Santísimo Cristo de la Flagelación”, el “Ecce Homo”, la “Santa Cena” o la imagen de “Nuestro Jesús” que son muestras de las tallas de la pasión oriolana, pasos procesionales de Salzillo y una magnífica imaginería de otros artistas como Bussy, Valera o Lozano que nos han dejado un legado escultórico cargado de expresividad. El museo Mariano Benlliure en Crevillente conserva una colección de más de 300 obras, de las que más de 100 se exhiben en un espacio expositivo, además conserva una colección de bocetos de barro modelados por Benlliure y vaciados en escayola que reflejan la idea creativa del artista. Asimismo, alberga apuntes, cartas y documentos. Mariano Benlliure cinceló numerosa imaginería religiosa para distintas poblaciones españolas. Destacamos los pasos de un “Descendimiento” y una “Redención” para la Semana Santa zamorana y obra de temática religiosa como las “Tres Gracias” y “San Juan”.
La escultura española del siglo XVII alcanzó gran desarrollo. La escuela castellana está personalizada por Gregorio Fernández que realizó el “Cristo Yacente”, la “Piedad”, el “Crucifijo” y la “Dolorosa”; y junto con sus discípulos esculpió pasos procesionales que muestran la historia de la Pasión y que recorren en procesión la ciudad de Valladolid en estas festividades. A Martínez Montañés, representante de la escuela andaluza de Sevilla, le debemos varios “Cristos”, y Juan de Mena realizó numerosas creaciones de crucificados para cofradías, pero su Cristo más popularizado es el del “Gran Poder”. A la escuela granadina pertenecieron Alonso Cano y Pedro de Mena. Las “Dolorosas” de este último son esculturas de bellas mujeres que manifiestan su dolor y tristeza con gestos muy expresivos. En el siglo XVIII destacó en Murcia la figura de Francisco Salzillo. La mayor parte de su obra son pasos procesionales constituidos por numerosos personajes. De su producción debemos significar la “Oración en el Huerto”, grupo escultórico que refleja la expresión del desfallecimiento del Salvador. También esculpió imágenes de “San Juan”, la “Dolorosa” y la “Verónica”. En el siglo XX debemos mencionar al valenciano Mariano Benlliure, autor que talló “Cristos” y “Piedades” y otras obras propias de la Pasión.
Asimismo, una pléyade de pintores ha plasmado en frescos, tablas y lienzos escenas de la Pasión: el Greco es autor de un “Descendimiento”, escena igualmente representada por Van der Weyden, Rubens y Rembrandt. El valenciano José Ribera pintó el “Cristo Crucificado” y el “Calvario”; El Bosco, Zurbarán, Diego de Velázquez, o Salvador Dalí han retratado excelentes “Cristos”, aportando su impronta a la temática sagrada de la Semana Santa.
La música, aunque carece de cuerpo como la escultura y de color como la pintura y no tiene un significado concreto como la palabra o la literatura, tiene su espacio en esta Semana. La música es pasión y emoción, es el lenguaje del espíritu, del sentimiento, y así se manifiesta en composiciones musicales, saetas y tamborradas propias de la Semana Santa.
La cinematografía ha llevado a la pantalla películas que proyectan escenas bíblicas de la Pasión de Cristo. Baste recordar los títulos de “La Gólgota”, “La Túnica Sagrada”, “Barrabás” o “La Pasión” de Mel Gibson que visualizan fotogramas de marcada dramatización y teatralidad conmovedora.
Muchas de las escenas representadas en esta semana no están exentas de una dramatización, marcada por la teatralización expresiva y conmovedora. El mismo cine ha llevado a la pantalla la película La Pasión de Cristo de Mel Gibson.
Sean estos días tan señalados, fechas de recogimiento, de expresión de sentimientos íntimos y sirvan para evocar la significación de la Semana Santa, pero también para culturizarnos contemplando procesiones o visitando museos.
José Vicente Gómez Bayarri es Licenciado en Filosofía y Letras, Doctor en Historia,
Catedrático de Geografía e Historia, Profesor Universitario, Académico de número
de la RACV y Medalla de Plata de la Ciudad de Valencia.
