Todavía tengo un nudo en el estómago por la eutanasia a Noelia Castillo. No es eutanasia, sino suicidio asistido, y por eso me alegra que tenga todavía un nudo, porque pienso que es una señal de humanidad y de corazón. Hemos fallado como sociedad, es patético.
Los periodistas somos poco críticos con nosotros mismos y con nuestros colegas. Nos quejamos genéricamente, pero apenas nos atrevemos a mojarnos en muchas cuestiones, por temor a los que nos pagan, a los que nos pueden pagar o a un clima social de superficialidad.
Lo voy a decir muy claro: no me parece ético que se entrevistara a Noelia en el programa de televisión “Y ahora Sonsoles”. Dos días antes de la eutanasia. No sabemos cuántos medios y cuáles lo intentaron. En todo caso, el programa de Antena 3 queda grabado en nuestro déficit periodístico, porque no es de recibo hacer de una tragedia un espectáculo, de dolor y horror.
La vida de una joven de 25 años llena de sufrimiento, por sus padres, por su salud, por la sociedad, por el Estado, hecha una pieza de espectáculo. Sí, me parece hasta vomitivo. Con esa convicción no vi en directo la entrevista, ni la he visto después ni pienso verla, porque me parece que es contribuir a la crueldad, llámese como se llame.
Por mucho que la audiencia sea mayor, el morbo no es periodismo. Sonsoles Ónega y los responsables del programa han caído más bajos que el barro. No serviría de mucho, pero si pidieran perdón sería un halo de esperanza para un periodismo que hace de lo inmediato la regla de oro, y de la compasión un reclamo para el morbo.
El médico Miguel Fuentes ha escrito que “Noelia ha sido ejecutada médicamente, es la abdicación de la medicina”. El historial psiquiátrico de esta joven y su sufrimiento le llevan a Fuentes a dirigirse a los médicos, recordando que “la medicina actual tiene herramientas potentes contra el dolor crónico y contra el sufrimiento existencial”. Y da en la diana al afirmar que “invertir en eso es caro, lento y exige recursos humanos que escasean en el sistema público. Es más ‘eficiente’ ofrecer la muerte como opción. Eso no es progreso. Es fracaso sanitario”.
Se disfraza de libertad la decisión de Noelia. No se le ha prestado la debida atención institucional. Eso no es compasión social ni médica. Noelia ya no sufre, es cierto, pero su muerte no fue un acto de dignidad médica, sino muestra de un sistema legal que prefiere eliminar al que sufre intensamente antes que ayudarle a vivir.
Si de paso sirve para que los matrimonios sean más conscientes del daño que se hace a los hijos con frecuencia por su ruptura, también habría un efecto positivo ante esta trágica historia. “Mi padre me vio caer y no pudo hacer nada, pero después de lo que ha hecho no me siento mal”
Javier Arnal Agustí es Licenciado en Derecho y periodista.
Escribe, también, en su web personal.
