No pretendo ser el comentarista de ECD de todos los partidos de nuestra selección de fútbol en el Mundial. Sí ha empezado a serlo en “El Debate” Mariano Rajoy, tras el partido del lunes España-Cabo Verde, de nefasto recuerdo.
A Mariano Rajoy le gusta el fútbol, gran lector del “Marca” desde hace décadas. Sin embargo, sus comentarios suelen ser “políticos”, es decir, para dejar bien siempre a la selección y esperar siempre lo mejor.
Desde luego, el hecho de que nuestra selección lleve la friolera de 32 partidos sin perder es un dato para no perder de vista, así como los logros alcanzados de la mano de Luis de la Fuente.
Pero en el fútbol, como en todo, no se puede vivir de la historia: cada partido es distinto, único, y empieza con 0-0, no hay un acumulado de goles.
Rajoy es inteligente, aunque no parece que haya jugado al fútbol a un nivel medianamente competitivo. Fumándose un puro, va hilvanando comentarios de contertulio, no de alguien que sabe cómo obtener resultados futbolísticos.
Tenemos una gran selección, desde hace años. Estamos orgullosos. Somos capaces de ganar este Mundial.
Mantener este nivel exige mucho. Hay que reconocer errores y no instalarse en la autocomplacencia sistemática. Una gran selección como la italiana durante décadas ya vemos cómo está ahora, sin estar siquiera en este Mundial, ni en anteriores Mundiales.
Contra un equipo muy inferior como Cabo Verde, lo que se debe hacer es salir desde el comienzo a asediar la portería, a comerse al contrario. Sin rodeos, por mera superioridad abismal. No especular con que son muy inferiores. Y ya con un par de goles, se puede jugar como jugó la primera parte, contemporizando, sin apretar en exceso.
No hay excusas para ese nefasto partido de España: buena temperatura (22º), excelente estadio, césped en buen estado. 11 jugadores contra 11, muy inferiores.
Fue desesperante comprobar cómo los jugadores españoles se pasaban el balón como si fuera balonmano, de lado a lado del campo, cinco o siete jugadores quitándose de encima el balón, con la diferencia de que en el balonmano acaba tirando a puerta alguien.
No sirve de excusa que se encerraran en su área o en su campo los jugadores de Cabo Verde. Era lo lógico, como han dicho los propios jugadores de Cabo Verde, jugar con inteligencia el partido ante la inferioridad abismal respecto a España: todos a defender y, si había suerte en algún contra-ataque, marcar algún gol.
Para ganar a un equipo que se encierra, existen los regates, las penetraciones en el área, las paredes, para crear ocasiones, rebotes o incluso algún penalti. Solamente había centros, y no muchos. Tenía que haber sido un bombardeo de más centros –Oyarzábal tocó el balón por primera vez en el minuto 30-, penetraciones, regates… ¡y algunos tiros a puerta desde fuera del área, bien preparados y ejecutados, y no los dos o tres que parecían cosquillas!
España tenía que haber jugado desde el primer momento sin dar nada por supuesto, y descaradamente atacar para lograr un par de goles. Nada de que “una vez se abra la lata, será fácil golear”, porque al acabar la primera parte era más que previsible que acabara el partido sin que se abriera la lata. Incluso pudimos haber perdido, en el último minuto, que hubiera sido ya más que humillante, sonrojante.
¿Falló el entrenador en el planteamiento del partido, o/y los jugadores? Recursos tienen nuestros jugadores para no limitarse a pasarse el balón en el medio-campo contrario, y que Marcos Llorente o Cucurella centraran como pudieran.
Al ver el desarrollo del partido, nuestro entrenador tenía que haber metido chispa, reacción, y desde luego hacer cambios mucho antes de cuando los hizo. Tardó.
En cada partido hemos de demostrar lo que somos en el planeta fútbol. Sin recrearnos ni tener una tonta superioridad que lleve a no dejarse la piel.
¿Soy duro con nuestra selección? No lo creo. Porque pienso que tiene un gran nivel le podemos exigir mucho más de lo que hizo ante Cabo Verde: sin disculpas.
Foto: Agencias
Javier Arnal Agustí es Licenciado en Derecho y periodista.
Escribe, también, en su web personal.
