Renfe desespera

No viajo con mucha frecuencia en tren. Sin embargo, la realidad de los servicios de Renfe es casi noticia diaria, por los medios de comunicación, por la utilización que hacen del tren los familiares, colegas y amigos.

Además, en ocasiones conviene valorar realidades con cierto distanciamiento, perspectiva que da el hecho de no estar hipotecado por la indignación, los retrasos y las quejas continuas. 

La experiencia es la base de las opiniones y denuncias, pero también – y más incluso – la experiencia de los demás, que nos cuentan, relatan, lanzan improperios contra Renfe.

El domingo 12 de julio viajé en tren a Barcelona. Llegué a la estación de Castellón con unos razonables minutos de antelación. En los letreros luminosos ya se anunciaba que los viajeros que teníamos billete para un Alvia a las 17.55 horas seríamos “reubicados” en un Intercity que saldría hora y media después.

Desde luego, compensaba la “reubicación”, porque si nos esperábamos a ese Alvia – puede haber familias que esperan a una parte de la familia, y continúan viaje hasta Barcelona, grupos, la vida misma – saldría de Castellón pasadas las 21 horas, y llegaría en torno a las 24 horas a Barcelona Sants. Me facilitaron un billete con asiento para el Intercity, pidiendo disculpas y con amabilidad.

El Intercity tardó más de lo habitual en llegar a Barcelona. Otro fallo más.

No voy a relatar cuestiones personales, pero llegar a una casa con un retraso considerable, a la hora de acostarse o estar algunos ya acostados, no era una molestia secundaria. 

Regresé a Castellón el sábado 18 de julio. Los viajeros estábamos haciendo fila – tras 2 veces de haber pasado con el QR de control – con la antelación razonable, de pie, y no había señales de que fuera a salir a las 11.05. Ni hay asientos de espera, ni una temperatura razonable para la época, ni se repara en niños o enfermos. 

Salimos 22 minutos tarde: llegamos a Castellón con ese retraso, sin haber recuperado el retraso, a pesar de que muchos tramos señalaba una velocidad de 150 kilómetros o incluso 170 kilómetros. Tampoco me era accesorio el retraso, que sobra ahondar en él.

En las esperas y durante el viaje, hablé con algunos viajeros. Algunos que viajan en tren con mucha frecuencia. Uno me comentaba que estaba contento porque su tren a Alicante solamente llevaba media hora de retraso. Otro comentó que los retrasos  son más que habituales y hay que contar con ello. Un tercero me dijo que usa es tren desde hace años y ha habido un empeoramiento considerable en estos cuatro o cinco años, puesto que antes había puntualidad.

Renfe desespera desde hace años, un servicio público más que se ha deteriorado, con un Gobierno que sube sin parar los impuestos, en teoría para mejorar y mantener los servicios públicos.

Más peligroso aún es que nos acostumbremos a este deterioro de Renfe, como algo inevitable, y casi prever nuestros viajes con un retraso “normal” de entre 30 minutos y 2 horas. Ha de exponerse en el Congreso de los Diputados, han de rendir cuentas e informar de los retrasos periódicamente. Hemos de exigirlo, no mendigamos nada que no paguemos con nuestros impuestos.

¿Un detalle de eficacia de Renfe? He pedido la devolución del importe del billete, que es muy sencilla de llevar a cabo, e inmediatamente se me ha ingresado el 100% del billete de ida. Se ve que hay tanta experiencia de devolución de importes que eso sí que funciona bien. Lo que sucede es que, cuando viajamos, lo que queremos es llegar a la hora prevista, no cuando Renfe quiere, y no tener que reclamar la devolución.

No nos acostumbremos a este deterioro de Renfe. No queremos devoluciones íntegras de billetes, sino que funcione con puntualidad. Hace años, por ejemplo, comprobé que en varias ocasiones el tren recuperaba bastante o totalmente el retraso, pero ya se ve que eso ha pasado a la historia de una calidad deteriorada y enquistada, tal vez sin la debida respuesta ciudadana, de los  usuarios. 

Esperar algo de los sindicatos es como esperar  lo imposible. El Sindicato Ferroviario ha pedido la dimisión del ministro de Transportes, Óscar Puente, que parece más ocupado en tapar la corrupción que nos invade en España y declarar ante los micrófonos lo que interesa a Pedro Sánchez: la calidad de Renfe y Adif no le importa.

Los trabajadores de Renfe y Adif piden su dimisión porque hay una “enfermedad crónica” que padece el sistema ferroviario, desde hace años y porque los accidentes de Adamuz y Rodalies no los ven como incidencias puntuales.

Para los trabajadores, la causa es la falta de personal y las condiciones laborales. Tendrían que presentar datos de cuántos trabajadores había cuando funcionaban bien los trenes, repercusión de las empresas privadas de trenes, aumento o disminución de trenes.

El Sindicato Ferroviario ha convocado una huelga de 24 horas para el próximo 31 de julio por las continuas averías del aire acondicionado. Hay que ser crueles y me ahorro otros calificativos, para convocar huelga un 31 de julio y fastidiar más a los millones de españoles que acaban o empiezan vacaciones. Así no se sirve a los ciudadanos.

¿Y si la raíz está en unos directivos incompetentes? Alguien debería analizar la trayectoria de los directivos, cómo han ido a parar ahí, su vinculación con el PSOE –los hay- y sacar los colores.

Entre Renfe y Adif, 30.000 empleados. No está mal, pero yo no sé si son demasiados, los adecuados o faltan: por supuesto, las voces sindicales reclaman más personal. ¿Y cuántos liberados sindicales hay, son necesarios tantos? Preguntas incómodas, por si alguien quiere contestar. 

Basta ver lo que gastan en Personal Renfe y Adif, y lo que se gasta en reparaciones y conservación. Datos para analizar, por el Gobierno, por la oposición, y con transparencia informativa por parte de Renfe.

  • Javier Arnal Agustí es Licenciado en Derecho y periodista.
    Escribe, también, en su web personal.