El pobre Sánchez mira a 2027

Amanecimos el pasado sábado, 28 de febrero, como no nos imaginábamos ni queríamos. Israel y Estados Unidos habían atacado Irán, iniciando una guerra, llámese como se quiera, aunque lo de acción “preventiva” no cuela ni en un patio de colegio.

Del todo claros no están los motivos jerarquizados del ataque, es decir, qué es lo que ha pesado más. Evitar la escalada nuclear o cambiar el régimen dictatorial y sanguinario, o bien someter al enemigo número 1 de Israel, que nutre a Hamás, Hizbulá, etc.

La mayoría de la humanidad rechazábamos la violencia y los miles de muertos en Irán por, simplemente, querer ejercer sus derechos religiosos, democráticos. Y, paradójicamente, la mayoría de la humanidad callaba ante esas decenas de miles de muertos. Así ha sucedido, así sucede muchas veces.

El ministro de Exteriores de Israel afirmó tras el ataque, que acabó con la vida del líder iraní Jamenei: “¿Qué hará ahora el pobre Sánchez?”. Aludía a que, en poco tiempo, dos dictadores como Nicolás Maduro y Jamenei desaparecían de la escena, y las alianzas o los silencios de Pedro Sánchez disminuían.

Pocos esperaban la reacción de Pedro Sánchez de impedir a Estados Unidos el uso para la guerra de las bases militares estadounidenses en nuestro país, Morón y Rota. Gran enfado de Donald Trump y amenaza con castigarnos comercialmente.

Actuar como actúa Trump tiene también muchos riesgos al ir por libre, no pasar por el Congreso de los Diputados en Estados Unidos y no contar previamente con la OTAN, para luego exigir que le apoyen, en el ataque a Irán y en lo que haga falta. Y luego echa en cara a Reino Unido que no colabore desde el primer momento.

Desde luego, el ataque a Irán tiene un conjunto de teclas muy diversas, y no me atrevo a mencionarlas siquiera por su relevancia. Estoy seguro que se nos escapan datos, conversaciones, amenazas.

Si de algo estoy muy convencido es que Pedro Sánchez ha impedido el uso de las bases norteamericanas por electoralismo. Le ha venido como “anillo al dedo” para enarbolar la bandera de la paz e intentar atraer al electorado de izquierdas en España, sobre todo cara a las elecciones generales, en principio en 2027.

Ante el hundimiento electoral de Sumar y Podemos, a Sánchez se le ha abierto el cielo presentándose como hombre de paz, anti-Trump, pro-palestinos. Los que afirman o niegan que esté en el lado “correcto” de la historia puede que acierten, pero la cuestión es el electoralismo permanente de Sánchez, le importan las urnas en España, y nada más.

Sánchez, en la declaración institucional de ayer en la Moncloa, ha rescatado el “No a la guerra” que movilizó España contra la guerra de Irak.

Sánchez ha acusado a los dirigentes que usan la guerra para ocultar su fracaso “y llenar –de paso– el bolsillo de unos pocos, los de siempre, los únicos que ganan cuando el mundo deja de construir hospitales para construir misiles”. Cabría preguntarle si se refiere a Irán, por si acaso, o bien a Israel y Estados Unidos, porque Irán ha sido el prototipo de fabricante de misiles, alimentando terrorismos y países dictatoriales, y también a Rusia, no lo olvidemos. Pero juega con el lenguaje y se dirige a Estados Unidos, sin mencionarlo.

Ha resucitado el “no a la guerra”, criticando al trío de las Azores por la guerra de Irak, que se desarrolló entre 2003 y 2011. Mucho más de lo que se preveía. Nos evoca la célebre frase de que se sabe cuándo empieza una guerra pero no cuándo acaba: si no, que se lo pregunten a Rusia, que en unas semanas daba por hecho hacerse con Ucrania, y ya son más de 4 años de conflicto sangriento y devastador.

Las guerras no resuelven problemas. Pero hay uno que las empieza, y existe el derecho a la legítima defensa, como es el caso de Ucrania. Si analizáramos las docenas de guerras que hay ahora en el mundo, veríamos que se repite la historia: afán de aumentar poder, dominios, riqueza, eliminación de naciones o tribus.

A España no le favorece la decisión de Sánchez, le aísla ante la OTAN y en la esfera internacional, una vez más, como ya hizo de otra manera Zapatero. Pero a Sánchez le interesa electoralmente, y una vez más su cabeza tiene muy claras las prioridades.

Por supuesto que tiene razón en que toda guerra es un fracaso, pero la posición de cada país en un conflicto ha de tener coherencia y prever consecuencias.

Nadie puede predecir cuánto va a durar esta guerra, ni sabe con certeza los motivos últimos, o al menos yo no los sé.

Se requieren amplios conocimientos de historia, con objetividad, para atinar un poco en lo que está pasando con Irán. A mí suele resultarme útil preguntar a historiadores o expertos en la materia, conocer su opinión, su diagnóstico, si no se deben a ninguna institución ni su salario depende de lo que digan. Y he preguntado a un amigo historiador, riguroso, independiente, sobre esta guerra.

La respuesta de este anónimo historiador ha sido para reflexionar: opina que este ataque es creer que con unos cuantos misiles y unas semanas de bombardeo se cambia la geopolítica de Oriente Medio, y que no se debe empezar una guerra sin tener del todo claro lo que viene después. No es un partidario de Podemos, Sumar ni del PSOE, pero suelta dos “bombas” coloquiales contra Israel y Estados Unidos.

El Papa León XIV expresó el pasado domingo su gran preocupación por este conflicto, en estas “horas dramáticas”, pidiendo un “diálogo razonable, auténtico y responsable”, ya que “la estabilidad y la paz no se construyen con amenazas recíprocas ni con las armas que siembran destrucción, dolor y muerte”.

Animo a repasar las palabras del Papa. ¿Ha habido un diálogo razonable y auténtico? ¿En qué grado ha habido amenazas recíprocas? Una reflexión moral como la del Papa es mucho más exigente de lo que parece, y me gustaría conocer la respuesta en conciencia y por separado de los líderes de Irán, Israel y Estados Unidos, lo cual es imposible.

Siento mucho no sugerir conclusiones directas. Ante un problema complejo, lo nefasto es simplificar. Al menos no quiero cometer el error de la superficialidad. Pensar un poco sí que es sano.

  • Javier Arnal Agustí es Licenciado en Derecho y periodista.
    Escribe, también, en su web personal.